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Energía metabolizable y su relación con fuentes de energía en avicultura

Debido a las altas exigencias en producción de las genéticas actuales de pollos, gallinas y pavos, se hace necesaria la inclusión de Fuentes Concentradas de Energía (FCE) para cumplir con los niveles de EM sugeridos para una máxima respuesta biológica/ viabilidad económica.

Escribe:

Mg.Sc. Cristian Uculmana M.
Coordinador Técnico Regional Olmix
cuculmana@olmix.com

El pollo de engorde moderno tiene una ganancia de peso promedio de +75 gramos/día (machos, 42 días); por ello, constantemente estamos haciendo ajustes en la densidad nutricional con el fin de llegar al límite genético sin descuidar los 3 problemas principales en la crianza de pollos: inmunitarios, esqueléticos y metabólicos. Caso similar ocurre en gallinas ponedoras, la genética actual está orientada a la máxima persistencia de postura con un balance económico positivo incluso hasta la semana 100.

La energía metabolizable (EM) es un punto crítico en la formulación de dietas avícolas ya que su nivel está relacionado directamente con el consumo de alimento, respuesta productiva, calidad de carcasa y retorno económico. Debido a las altas exigencias en producción de las genéticas actuales de pollos, gallinas y pavos, se hace necesaria la inclusión de Fuentes Concentradas de Energía (FCE) para cumplir con los niveles de EM sugeridos para una máxima respuesta biológica/ viabilidad económica. Las FCE engloban tanto a los aceites como a las grasas.

Una estrategia ampliamente utilizada es la inclusión de torta integral de soya, ya que tiene una buena composición de extracto etéreo y proteína (18.5% y 37.5% en comparación con la soya 2.8% y 46%, respectivamente); sin embargo, se debe tener en cuenta el % de inclusión en la ración en base a los parámetros de calidad ofrecidos por el proveedor.

Para pollos de engorde, en una dieta maíz/soya/aceite vegetal, el aporte de EM proveniente de los insumos sigue la distribución de la Tabla 1. Los rangos de variación se dan principalmente por las matrices nutricionales que cada nutricionista considere, así como +/- el contenido nutricional deseado para una determinada dieta/etapa de producción.

Las FCE tienen diferente EM y por lo tanto en nuestro programa de formulación debemos ajustar esos valores. A continuación, un ejemplo del impacto negativo de sobre estimar la EM de un aceite:

• Aceite X – EM real: 8200 kcal EM.
• Aceite X – EM sobre estimada: 8800 kcal EM.
• Diferencia en el contenido nutricional (estimado – real): 600 kcal EM.
• % de Inclusión en la dieta: 3.5 % (35 kg por tonelada).
• Diferencia por kg de alimento: 21 kcal (mi dieta real tiene 21 Kcal menos).
• Impacto negativo en pollos de engorde: mayor conversión alimenticia.
• Impacto negativo en ponedoras: menor % postura.

Los manuales de nutrición de las principales líneas genéticas solo recomiendan un nivel mínimo de EM para las dietas y no tienen una recomendación clara del nivel mínimo o máximo de Extracto Etéreo (EE) en la dieta; sin embargo, este componente de la dieta está relacionado con la absorción de nutrientes (dentro de ellos los pigmentos), integridad de las membranas celulares, microbiota y en la modulación de la respuesta inmune por la producción de citoquinas y moléculas relacionadas (Omidi et al., 2019). Es por esta razón que la matriz de EM que se le da a los aditivos nutricionales tiene que ser revisada con cuidado y tener un máximo a matrizar de acuerdo con el nivel de EE de la dieta.

En lo que parece haber un consenso es en el nivel mínimo de ácido linoleico de la dieta, que para nuestra realidad no es problema por la elevada inclusión de maíz en la dieta. El ácido linoleico, proteína, M+C y energía se suelen considerar para optimizar el tamaño de huevo deseado dependiendo de la demanda. Algunas recomendaciones sobre este punto las podemos encontrar en la Tabla 2.

Las FCE más utilizadas en Perú son el aceite de palma, aceite de soya y aceite acidulado de soya; en menor medida también se utiliza manteca y residuos de mantequilla/margarina. En otros países se suele utilizar el aceite de coco ya que se conoce que el 50% de la composición de sus ácidos grasos son ácido láurico (C12:0) (Dayrit, 2014); sin embargo, su uso es limitado para una línea de productos “premium” por el costo del insumo. Además, recientemente en el mundo (Kim et al., 2020) se viene estudiando el potencial del aceite de insectos (Tenebrio molitor “Black Soldier Fly” y Zophobas morio) como una fuente de “grasa funcional” por sus efectos sobre la salud intestinal y capacidad antioxidante.

Independientemente de qué FCE decidamos usar en la dieta, debemos de tener en cuenta los siguientes lineamientos:

• Durante el metabolismo, las FCE generan menor incremento calórico.
• Cada FCE tiene diferente composición de ácidos grasos.
• Ácidos grasos de cadena media pueden contribuir en reducir el % de grasa abdominal ya que el metabolismo los utiliza preferentemente para obtención de energía en comparación con otros ácidos grasos, por lo que en algunas investigaciones incluso hay una mejora de la respuesta zootécnica (Shiavone et al., 2018).
• Ácidos grasos de cadena media tienen un efecto incluso sobre la microbiota (Schiavone et al., 2017) y el metabolismo lipídico (Khatun et al., 2018).

También se tiene que considerar ciertos análisis de calidad para las FCE en donde el parámetro ideal es diferente para cada tipo de fuente de grasa (esto debido a la composición de ácidos grasos de cada fuente); dentro de los análisis más importantes tenemos:

• Humedad (%)
• Acidez (%)
• Índice de yodo (g/100 g de EE)
• Índice de saponificación (KOH/g)
• Índice de peróxidos (mEq/kg) – Calidad de origen.
• Índice de anisidina – Predice el comportamiento durante el almacenamiento.

En este contexto, el uso de estrategias nutricionales es de vital importancia y algunas de las recomendaciones son:

• Nutrición de precisión. La base de datos de los nutricionistas es en lo que más se debe trabajar, ayudándonos de las últimas tecnologías NIRS que actualmente incluso permiten una formulación de alimentos “en línea”.
• Elección de una FCE dependiendo de nuestro objetivo de producción y producto final deseado.
• Tomar en cuenta parámetros de calidad de la FCE de nuestra elección.
• Correcto almacenamiento de las FCE.
• Uso de aditivos nutricionales para mejorar la digestión de las FCE. Se suele considerar a los emulsificantes (sustrato solo extracto etéreo de la dieta: 3.5-7%) y más recientemente a cofactores enzimáticos (para mejorar actividad enzimática de lipasas y además de carbohidrasas y proteasas. Sustrato 80% de la dieta).

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