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Experiencias en el control de Campylobacter hepaticus en ponedoras comerciales con aditivos de salud intestinal

Experiencias en el control de  Campylobacter hepaticus en ponedoras comerciales con aditivos de salud intestinal

Dr. Luis Abarca Blanco, MV., MMVZ.
Veterinario Avícola Senior – Trouw Nutrition SCA

Campylobacter Hepaticus en Avicultura

La enfermedad del hígado punteado o “Spotty liver disease” es una enfermedad emergente en avicultura, que en muchos lugares se ha vuelto un problema persistente. Esta fue descrita desde 1954, pero el agente causal fue identificado hace relativamente pocos años y apenas se logró inducir de manera experimental en 2017. Es causada por Campylobacter hepaticus, una bacteria gram negativa que a diferencia de los otros campylobacter intestinales tiene afinidad por el hígado.

Regularmente se presenta entre las 20 y 40 semanas de vida, siendo lo común en las cercanías del pico de producción, aunque en ocasiones también se han visto brotes en etapas posteriores. La enfermedad genera importantes pérdidas económicas afectando la producción hasta en un 25% e incrementado la mortalidad cerca de un 10%, además de incrementar los costos por el tratamiento y su posterior profilaxis.

La vía de infección es fecal oral y dado el mayor contacto con las heces su presencia es más frecuente en animales de pastoreo, producciones orgánicas o ecológicas y en aves de piso, también algunas gallinas en jaula se han visto afectadas Así mismo, se conoce que los gallos y los pollos de engorde son menos sensibles, probablemente relacionado a la ausencia de factores estresantes propios de la etapa de puesta.

C. hepaticus es una bacteria oportunista que toma ventaja en momentos de estrés y que infecta al ave varias semanas antes de la aparición del problema. Se sabe que se aloja a través de todo el tracto gastrointestinal, especialmente en los ciegos. Se debe tomar en cuenta que Campylobacter spp. ha sido aislado en aves de incluso tres semanas y en el caso específico de C. hepaticus se ha encontrado desde las doce semanas de vida, este dato resulta crucial para su control pues la idea es evitar que entre y se aloje en la microbiota intestinal. Asimismo, es conocido que en su biología intervienen una serie de organismos como el escarabajo de la cama o moscas que fungen como portadores y que perpetuarían la infección.

Es claro que la sola presencia del agente no determina la manifestación de la enfermedad y que este requiere de factores predisponentes para manifestarse. Se ha hipotetizado que cambios fisiológicos que ocurren alrededor del rápido incremento en la producción de huevos generarían un ambiente ideal para que se presente el cuadro clínico.

Factores tales como un balance negativo de nutrientes, que podría afectar la función hepática, además de otros que comprometerían la salud intestinal tales como cambios en los patrones de alimentación y los cambios hormonales asociados a la puesta podrían jugar un rol importante en el incremento poblacional del agente. Esto haría al ave susceptible a los factores de virulencia de este.

Diagnóstico y tratamiento

Los signos clínicos son inespecíficos, básicamente se observa caída en la producción, incremento de mortalidad y eventualmente algunas aves un poco deprimidas. Sin embargo, el curso de la infección muchas veces es inaparente y animales que en principio están bien mueren de manera repentina. En la necropsia se observa el hígado agrandado, friable, con un punteado rojo (tipo petequias) y blanco, probablemente correspondiendo a diferentes
fases en la evolución de la lesión (Fotos 1,2 y 3).

El diagnóstico se puede realizar mediante cultivo, sin embargo,  en el laboratorio su crecimiento es lento y exigente, por lo que la muestra debe ser lo más aséptica posible para evitar crecimientos indeseados que lo enmascaren. Otra opción es hacerlo por PCR el cual es más rápido y preciso. En ambos casos las mejores muestras serán el líquido biliar y el parénquima hepático de animales afectados (generalmente mortalidad fresca).

En cuanto al tratamiento, se ha recurrido a varios antibióticos como penicilinas, aminoglucósidos y tetraciclinas con buenos resultados, aunque esto no garantiza la no recidiva del cuadro. Para su profilaxis se han probado diferentes tratamientos entre ellos ácidos orgánicos, fitobióticos, probióticos, prebióticos, entre otros. Todos ellos orientados a mejorar la salud intestinal y con éxito limitado o inconsistente.

Por lo anteriormente descrito, el control y prevención de esta enfermedad, se debe abordar desde un punto de vista integral, abarcando todos aquellos factores que favorecen el arribo de la bacteria y la presentación del cuadro clínico. Para esto, es importante revisar los manejos existentes buscando siempre el confort y bienestar de las aves. Se debe hacer un control efectivo y arduo de plagas que puedan funcionar como vectores, haciendo especial énfasis en el Alphitobius diaperinus que es el vector más común en las granjas. Acto seguido nos debemos enfocar en mantener una adecuada salud intestinal, entendiendo que esto es un proceso complejo que inicia desde la calidad del huevo que puso la madre, pasando por un óptimo proceso de incubación, una apropiada crianza, poniendo especial atención en las primeras semanas, dietas debidamente balanceadas, calidad de agua, evitar factores estresantes y desde luego la aplicación de productos que la favorezcan.

Experiencia de campo en un país tropical – gallinas de postura comecial

Hace tres años, una empresa en la región ha venido experimentando problemas de caídas de producción y mortalidad variable con lesiones de “hígado punteado” relacionados principalmente al pico de producción con algunos episodios de reactivación posterior.

A solicitud del cliente, se diseñó un programa para control del desafío que venía presentando en todos los lotes con importantes pérdidas, esto aunado a una gran frustración pues ya habían probado varios protocolos sin éxito. Ante esto lo primero fue hacer una visita integral, identificar oportunidades en manejos y confirmar el diagnóstico para a partir de ahí montar la estrategia.

Durante la visita no se observaron signos clínicos evidentes, pero sí un incremento en mortalidad donde mediante necropsia se observó hepatomegalia e hígados punteados. Se tomó muestras para cultivo y posteriormente se confirmó la presencia de C. hepaticus. Seguidamente se diseñó una propuesta integral desde crianza la cual se iba a implementar en la mitad del lote de nuevo ingreso (grupo experimental), dejando la otra mitad como grupo control (en galeras independientes). Para esto era necesario garantizar la calidad de agua y alimento, así como proteger el intestino a diferentes niveles sin olvidar los ciegos en donde al igual que la gran mayoría de bacterias intestinales patógenas el C. hepaticus se aloja.

Aditivos focalizados en integridad intestinal

Por lo anterior se decidió implementar un protocolo utilizando tres productos de manera complementaria. Una combinación de ácidos orgánicos de cadena corta libres y tamponados, para ser aplicado al agua de bebida (Selko Alpha; Trouw Nutrition) de manera continua buscando un pH de 4 desde el día uno, este ayudaría a controlar los patógenos en el tracto gastrointestinal superior dada las propiedades de los ácidos orgánicos de bajar el pH del medio y la capacidad de la fracción no disociada de ingresar a las bacterias y alterar su metabolismo hasta su destrucción, ambos procesos muy estresantes para las bacterias y energéticamente costosos. En segunda instancia se usó una combinación de ácidos orgánicos de cadena corta (Selacid Green Forte MP; Trouw Nutrition) donde una fracción son ácidos libres y otra buferados y de cadena media que actúan en la sección proximal y media del intestino. Estos aditivos presentan la ventaja de tener ácidos de cadena media que tienen un espectro diferente y un valor pKa más alto, por lo tanto, mayor cantidad de ácidos no disociados y mayor efecto antibacteriano. El Selacid Green Forte MP, se adicionó al alimento a razón de 1.5 kg/TM de manera continua a partir de la tercera semana de vida (pues antes de eso la empresa da un alimento externo).

Por último, se utilizó hidroxicloruro de cobre (Intellibond C; Trouw Nutrition) a 200 ppm en dosis pulso. Este es un cobre hidroxilado de lenta liberación y poca interacción con otros nutrientes por lo cual permite el uso de altas dosis y así aprovechar las características antimicrobianas del cobre. Dada su lenta liberación, los niveles de Intellibond C van incrementando conforme avanza su trayecto en el tubo digestivo logrando una muy buena concentración en las porciones finales del intestino, permitiéndonos de manera eficiente el control sobre los ciegos.

De esta forma y con estos tres productos de Trouw Nutrition se cubre de manera eficiente todo el tubo digestivo favoreciendo un adecuado desarrollo de las vellosidades, un buen ambiente intestinal y una adecuada microbiota. Por último, de manera complementaria se hicieron las recomendaciones respectivas en cuanto a manejo, sanidad y control de vectores.

Resultados de campo

La prueba con pollitas de postura comercial se llevó a cabo durante el periodo de crianza donde a pesar de no haber problema sanitario se logró una menor mortalidad. La producción se evaluó hasta la semana 42, donde el lote con el protocolo experimental no presentó problemas a diferencia del control que si tuvo alta mortalidad en el pico de producción y las lesiones características de la enfermedad, para lo cual la empresa medicó rápidamente mermando el impacto sobre la producción (Tabla 1).

Conclusión

La enfermedad del hígado punteado (C. Hepaticus) es una enfermedad emergente en avicultura, que en mucho lugares se ha vuelto un problema persistente. Los tratamientos antibióticos han demostrado tener cierto grado de éxito, pero inconsistentes contra C. hepaticus. Nuestra experiencia de campo en gallinas de postura nos indica que combinar diferentes soluciones de integridad intestinal: Intellibond C (hidroxicloruro de C), Selacid Green Forte MP (ácidos orgánicos) en alimento y complementario con ácidos orgánicos vía agua, tienen un buen potencial en el desempeño de gallinas ponedoras con desafío de C. hepaticus. Como resultado se obtuvo menos mortalidad y casi 3 huevos por ave alojada extra.

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