Equipo Técnico de IASA
El estrés térmico constituye uno de los principales factores limitantes para la productividad y el bienestar de las ponedoras en climas cálidos y tropicales.
En nuestra experiencia, el impacto del calor sobre las aves no debe analizarse únicamente desde la temperatura ambiental, sino como el resultado de la interacción entre temperatura, humedad relativa, ventilación, manejo y la capacidad fisiológica de las aves para disipar calor.
El estrés calórico no puede considerarse un evento puntual, sino un fenómeno multifactorial que, cuando se prolonga en el tiempo, compromete el equilibrio fisiológico de la ponedora y afecta directamente su desempeño productivo.
Respuesta fisiológica de la ponedora al estrés por calor
Las gallinas ponedoras son animales homeotermos, con una temperatura corporal promedio entre 40 y 42 °C. Su zona termoneutral se sitúa entre 18 y 24 °C, rango en el cual no requieren esfuerzos metabólicos adicionales para regular su temperatura corporal.
Cuando la temperatura ambiental supera este rango, la eficiencia de los mecanismos de pérdida de calor sensible – radiación, convección y conducción – disminuye de forma significativa. En estas condiciones, las aves dependen casi exclusivamente de la evaporación mediante el jadeo para disipar el exceso de calor corporal.
Aunque este mecanismo resulta efectivo en el corto plazo, conlleva importantes consecuencias fisiológicas, entre ellas:
– Incremento marcado de la frecuencia respiratoria.
– Pérdida excesiva de CO₂, que conduce a alcalosis respiratoria.
– Alteraciones en el equilibrio ácido base.
– Disminución en la disponibilidad de calcio para la formación de la cáscara.
– Mayor gasto energético destinado a la termorregulación.
Como resultado, el estrés calórico sostenido puede derivar en caídas productivas, deterioro de la calidad de la cáscara y aumento de la mortalidad, especialmente cuando coinciden altas temperaturas con elevada humedad relativa.
Importancia de la interacción temperatura–humedad
Uno de los aspectos clave en la evaluación del estrés térmico es comprender que su impacto no depende únicamente de la temperatura ambiental, sino de su estrecha relación con la humedad relativa. Como referencia práctica, consideramos que la suma de la temperatura ambiente (°C) y la humedad relativa (%) debería mantenerse cercana a 90 para condiciones de confort. Valores superiores a 100 indican un ambiente claramente estresante, mientras que niveles por encima de 115 representan un riesgo severo, con posibles consecuencias fatales para las aves.
Esta interacción explica por qué las horas más críticas del día suelen ser las de la tarde: aunque la temperatura comienza a descender, la humedad relativa aumenta, reduciendo la eficiencia del jadeo y agravando el estrés térmico.
Ventilación como eje central del control del estrés térmico
El control del ambiente es el pilar fundamental para mitigar los efectos del calor. Una ventilación adecuada permite reducir de forma significativa el impacto del estrés calórico, convirtiéndose en la herramienta más determinante durante las olas de calor.
Una ventilación eficiente permite:- Incrementar la velocidad del aire a nivel de las aves.
– Favorecer la pérdida de calor por convección (efecto wind-chill).
– Reducir la humedad relativa dentro del galpón.
– Eliminar gases nocivos como amoníaco y dióxido de carbono.
En climas cálidos, se recomienda una capacidad mínima de ventilación de aproximadamente 6 m³/kg de peso vivo por hora, ajustando este valor según la densidad, el sistema de alojamiento y la edad de las aves.
Sistemas de enfriamiento evaporativo
En regiones cálidas y secas, los sistemas de enfriamiento evaporativo constituyen una herramienta eficaz para reducir la temperatura del aire de ingreso al galpón. Su funcionamiento se basa en la conversión de calor sensible en calor latente durante la evaporación del agua.
Entre las principales alternativas utilizadas se encuentran:
– Sistemas de pad & fan.
– Nebulización de alta y baja presión.
– Sistemas de fogging y discos rotatorios.
No obstante, es fundamental considerar que estos sistemas no deben utilizarse cuando la humedad relativa supera el 80 %, ya que el incremento adicional de humedad reduce la capacidad de las aves para disipar calor mediante jadeo, pudiendo agravar el estrés térmico en lugar de aliviarlo.
Manejo de la radiación solar y estructura del galpón
El control del ingreso de radiación solar directa es otro aspecto clave durante las olas de calor. Un diseño y manejo adecuados de la infraestructura contribuyen de manera significativa a reducir la carga térmica dentro del galpón.
Entre las principales estrategias se incluyen:
– Orientación de los galpones en eje este- oeste en sistemas naturalmente ventilados.
– Uso de cortinas o mallas que bloqueen la radiación sin comprometer el flujo de aire.
– Empleo de techos de colores claros o materiales con propiedades aislantes.
– Implementación de áreas verdes alrededor de las naves para reducir la carga térmica ambiental.
Estas medidas permiten disminuir la ganancia de calor por radiación y conducción, favoreciendo condiciones ambientales más estables para las aves.
Agua: Factor crítico durante el estrés calórico
Durante episodios de calor, el consumo de agua puede incrementarse hasta cinco veces en relación con el consumo de alimento. En este contexto, el agua no solo actúa como un nutriente esencial, sino también como una herramienta directa de enfriamiento fisiológico.
Las principales recomendaciones de manejo incluyen:
– Garantizar agua limpia, fresca y con temperatura inferior a 25 °C.
– Proteger tanques y tuberías de la radiación solar directa.
– Realizar purgas frecuentes de las líneas para reducir la temperatura del agua.
– Mantener una adecuada calidad microbiológica, ya que las altas temperaturas favorecen la proliferación bacteriana.
Cualquier limitación en el acceso o en la calidad del agua durante una ola de calor puede acelerar el colapso productivo del lote.
El manejo de ponedoras durante olas de calor exige un enfoque integral, donde la comprensión de la fisiología de las aves se combine con estrategias prácticas de control climático, ventilación, manejo de la radiación y suministro de agua. Aún en condiciones climáticas adversas, es posible sostener el bienestar y el desempeño productivo mediante decisiones de manejo oportunas, consistentes y basadas en principios técnicos sólidos.
Referencia técnica:
Guía de manejo para ponedoras en climas cálidos y tropicales.
Hendrix Genetics.


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