M.V. Esp. Daniel Molina Meza
ilender Perú S.A.
La función del buche en las aves comerciales es subestimada con cierta frecuencia, pero la realidad es que un buche sano y funcional, junto con otras porciones del tracto digestivo, tiene una importancia cada vez más relevante en tiempos en los que se viene reduciendo el uso de antibióticos en la alimentación de las aves.
Con el aumento del uso de ingredientes de alta calidad en la alimentación de las aves comerciales, la importancia de todos los segmentos del intestino y sus interrelaciones a menudo son olvidados, y en su lugar se ha tomado mayor importancia al suministro de nutrientes digestibles. Sin embargo, algunos segmentos del sistema gastrointestinal como el proventrículo, la molleja y los sacos ciegos han recibido más recientemente una renovada atención.
Diversos estudios han demostrado que una molleja bien desarrollada tiene relevancia en la digestión y la salud intestinal, así como, los ciegos juegan un papel crítico en la determinación de la salud intestinal y la colonización por microorganismos beneficiosos (Svihus, 2011; Svihus et al. 2013). Del mismo modo, el buche también ha sido objeto de diferentes investigaciones, pero su importancia en la alimentación de las aves sigue siendo poco comprendida. Por ello, el presente artículo busca revisar las funciones del buche y el papel que juega en la nutrición y salud de las aves comerciales.
El buche como tal es un órgano tubular de paredes delgadas que representa una dilatación del esófago y conserva el patrón estructural básico del tracto digestivo (Hodges, 1974). Al estar bien inervado y vascularizado, el buche tiene potencial para la interacción con otros segmentos intestinales y su naturaleza no secretora sugiere una capacidad limitada para la digestión, pero la humedad y las enzimas derivadas del consumo, la saliva y los microorganismos desempeñan un papel en el inicio del proceso digestivo (Bayer et al., 1975).
El grado en que el alimento ingresa al buche y el tiempo que permanece en él es variable y depende en gran medida del comportamiento alimentario de las aves, el manejo de las mismas y la presentación del alimento. Los pollos de engorde alimentados ad libitum no utilizan la capacidad máxima del buche debido a una forma continua de consumo de alimento. En este contexto, parece que el alimento se dirige principalmente al proventrículo y luego al intestino delgado, donde se acumula. Por lo tanto, no solo la residencia en el buche será corta, sino que también es probable que la mayor parte del alimento no ingrese al buche (Chaplin et al., 1992; Nielsen, 2004).
El comportamiento alimentario de las aves durante el fotoperíodo tiene un patrón diario cuya naturaleza depende de la duración del período de oscuridad. El consumo de alimento en pollos y pavos puede ser alto o no inmediatamente después de que se enciendan las luces, y aumenta nuevamente antes de que se apaguen las mismas (Schwean-Lardner et al., 2014), lo que a su vez puede afectar el tiempo que el alimento pasa en el buche.

La alimentación a primera hora de la mañana puede justificarse por el hambre asociada al período prolongado de oscuridad. Cuando no se observa esto puede atribuirse a la capacidad del buche para almacenar alimento durante un período prolongado y, por lo tanto, a la falta de hambre. El aumento de la ingesta de alimento a última hora del día es anticipatorio y las aves tardan un tiempo en aprender después de haber estado expuestas por primera vez a un período de oscuridad. La razón es que las aves aumentan la ingesta de alimento para satisfacer sus necesidades nutricionales durante al menos una parte del período de oscuridad (Scanes et al., 1987).
El control del llenado y vaciado del buche es complejo, pero la molleja desempeña un papel central, ya que regula el paso del alimento al resto del tracto digestivo. Cuando este órgano está completamente lleno, se produce el almacenamiento de alimento en el buche (Jackson y Duke, 1995). La señalización para el control del tránsito del alimento incluye mecanismos neurológicos y hormonales (Denbow, 1989; Kaiya et al., 2009).
Las poblaciones bacterianas juegan un papel importante en la salud del tracto digestivo y la colonización por patógenos, y su acción a nivel del buche no es la excepción. La colonización bacteriana del buche se inicia justo antes de la eclosión del pollito y el desarrollo de la microbiota está asociada a la edad y el tipo de dieta (Barnes et al., 1980).
Los lactobacilos dominan la comunidad bacteriana del buche, pero también se han encontrado coliformes, estreptococos y bifidobacterias (Petr y Rada, 2001; Guan et al., 2003; Abbas Hilmi et al., 2007). Algunos lactobacilos son capaces de unirse a la mucosa del buche para formar capas de biopelícula aunque los mecanismos de adherencia aún no están esclarecidos y se ha postulado que están asociadas a un tipo de proteínas en particular (Lebeer et al., 2011; Hagen et al., 2005).
Los factores que afectan la velocidad de colonización de los lactobacilos incluyen la introducción en la dieta de cepas competitivas de Lactobacillus, prebióticos y ácidos orgánicos, uso de antibióticos y otros fármacos, así como, el contenido de nutrientes de los propios alimentos (Rubio et al., 1998). Los lactobacilos pueden eliminarse con agentes antibacterianos como la penicilina y la monensina y, cuando esto ocurre, se ha observado un incremento en el número de coliformes (Apajalahti y Kettunen, 2006).
Se ha mencionado que la capacidad de colonización de los lactobacilos se puede atribuir a una serie de mecanismos. Entre estos se incluyen la competencia por los sitios de adherencia, la estimulación del sistema inmunitario, los agentes antibacterianos y la producción de ácido láctico (efecto inhibidor directo del lactato o efecto indirecto de la reducción del pH) (Fuller, 1977; Edelman et al., 2003). Los estudios sobre estos mecanismos respaldan el concepto de que la dominancia de los lactobacilos en el buche es esencial para la salud intestinal y el desarrollo y mantenimiento de una microbiota equilibrada.
El nivel de acidez del buche puede jugar un rol importante en la preparación del alimento consumido para su posterior digestión. Esta puede variar en los pollos con valores que van por debajo de pH 5 hasta mayores de pH 6 (Józefiak et al., 2007, 2014). El pH varía con el grado de fermentación del buche, principalmente por lactobacilos, y por la producción de ácido láctico junto con ácido acético. A su vez, la fermentación está influenciada por factores como la presencia de sustrato (alimento o prebiótico) y la colonización por lactobacilos (Cutler et al., 2005; Fonseca et al., 2010).
El vaciado completo del buche en pollos de engorde toma menos de cuatro horas, aunque este tiempo puede depender de la alimentación y el manejo. Un buche vacío favorece la caída repentina de la actividad bacteriana y, en consecuencia, un aumento del pH. Esto puede ser aprovechado por bacterias patógenas como Salmonella spp. que se reproducen en el rango de pH 6.0-7.5, mientras que para el resto de Enterobacteriaceae, incluida E. coli, este rango es ligeramente más amplio (6.0 a 8.0) (Hinton et al., 2000). En este caso, la capacidad del buche para resistir la invasión de patógenos disminuye significativamente, lo que, permite la colonización y estabilización de Salmonella spp. en el tracto gastrointestinal del huésped.
Una patología observada en este órgano es el buche penduloso, el cual se presenta con una baja incidencia en muchas parvadas de pollos y pavos. En las aves gravemente afectadas, el buche está muy distendido y lleno de alimento, partículas de la cama y líquido, que a menudo tiene un olor desagradable. La etiología del buche penduloso no ha sido esclarecida, pero su incidencia ha sido relacionada a factores genéticos, ambientales y nutricionales (Vermette et al., 2016; Crespo, 2020).
En conclusión, hay evidencias que un buche funcional puede desempeñar un papel en el rendimiento y la salud de las aves, así como en la seguridad de la carne y los huevos. Pero para que esto suceda, es esencial proporcionar un adecuado manejo y condiciones para su correcto funcionamiento. Cabe destacar que este órgano no funciona de manera aislada, por lo que, dentro de un enfoque integral, se deben tener en cuenta todos los segmentos del intestino al momento de planificar un rendimiento productivo exitoso en las aves comerciales en una era libre de antibióticos.
La literatura se encuentra a disposición del lector y puede ser solicitada al siguiente correo electrónico: dmolina@ilendercorp.com


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