Autores: Luis Maguiño R.1 y Marcial Cumpa Gavidia2
1Ingeniero Zootecnista. Práctica Privada.
2Profesor Principal, Dep. Académico de Producción Animal – UNALM
La salud e integridad intestinal en pollos de carne son esenciales para un crecimiento óptimo, la eficiencia alimenticia y el bienestar animal. Un intestino sano permite la máxima absorción de nutrientes, minimiza las enfermedades y reduce el uso de antibióticos. Un sistema digestivo saludable permite convertir eficazmente el alimento en peso corporal, lo que es importante para alcanzar el peso objetivo en el menor tiempo posible, con la mejor eficiencia de utilización del alimento. Un intestino íntegro actúa como barrera física contra bacterias patógenas, toxinas y otros agentes dañinos, evitando que ingresen al torrente sanguíneo del ave. Gran parte del sistema inmunológico del ave se encuentra en el intestino, por lo que mantenerlo saludable es vital para una buena respuesta inmunitaria.
Como se ha manifestado anteriormente, es común encontrar en las granjas avícolas algunos problemas relacionados con el alimento, como: diarreas, tránsito rápido o pasaje de alimento, exceso de humedad en las heces, problemas tóxicos, heces con moco anaranjado o heces verdes. Además, en la necropsia es frecuente encontrar lesiones como proventrículos inflamados, erosión de molleja, lesiones de coccidia en los intestinos, lesiones entéricas bacterianas, hígados inflamados y hemorrágicos. Asimismo, en las explotaciones avícolas se presentan diferentes problemas digestivos ocasionados por diversos factores y etiologías. La incidencia y la gravedad también son datos importantes a tomar en cuenta para evaluar la magnitud del problema. En consecuencia, es necesario responder de manera rápida y oportuna, según lo requiera la situación, ya que se trabaja con animales vivos cuya condición puede agravarse conforme pasan las horas.
Para realizar un diagnóstico presuntivo y tratar de controlar los problemas que puedan presentarse durante la cría y el engorde de los pollos, se debe realizar una toma de muestras de aves, con el posterior sacrificio de estas para evaluar el sistema digestivo en campo.
Muestreo de las aves en el galpón
Se deben seleccionar de 5 a 6 aves dentro del galpón, las cuales deben ser escogidas al azar, caminando en forma de zigzag por todo el galpón para que la muestra sea representativa. Si el galpón es mixto, podrían seleccionarse 6 aves en total (3 machos y 3 hembras).
Preparación y sacrificio de las aves
Las aves deben haber sido retiradas recientemente del galpón, lo que asegura que no hayan sufrido restricción de alimento ni alteraciones por golpes o manipulación. Se deben pesar las aves de manera individual y enumerarlas para poder identificarlas al momento de anotar las calificaciones de las lesiones.
Se sacrifica la primera ave y luego se procede a evaluarla. Al finalizar la evaluación de esta ave, se sacrifica la siguiente, lo que permite evaluar aves frescas y evitar el deterioro de sus funciones fisiológicas, el cual aumenta conforme transcurre el tiempo después del sacrificio.
Metodología para la evaluación del sistema digestivo en campo
En primer lugar, inspeccionar las características externas del ave, como suciedad en la cloaca, rasguños o arañones, y el estado de las plumas.
Con ayuda de una tijera, proceder a diseccionar la cavidad oral realizando un corte lateral desde la comisura del pico, bajando por el esófago hasta el buche.
Examinar la cavidad oral y evaluar la presencia de lesiones o placas blancas en la parte superior e inferior del pico, lengua e inicio del esófago. Calificar la lesión en cavidad en la cartilla (0–1).
Observar el contenido del esófago y del buche. En esta zona evaluar la presencia de Candida albicans en forma de membranas blancas (0–1).
Realizar una incisión horizontal en la piel de la cavidad abdominal, al final de la pechuga. Examinar la ubicación de los órganos internos. Mover con cuidado el hígado y la molleja hacia la izquierda para hacer una incisión en el peritoneo, evitando cortar los órganos subyacentes. Extraer delicadamente los órganos internos para exteriorizar todo el tracto gastrointestinal.
Luego de separar los órganos internos de la cavidad abdominal, cortar entre el esófago y el proventrículo para extraer todo el paquete gastrointestinal y, posteriormente, seccionar en la unión del recto y la cloaca.
Separar los siguientes órganos: hígado; proventrículo y molleja (juntos); duodeno (pegado al páncreas); intestino delgado; ciegos y recto.
En el hígado evaluar lesiones de hepatomegalia (0–1) e hígado graso (0–1).
Realizar un corte longitudinal de la molleja y el proventrículo (aún unidos) y evaluar las lesiones de proventriculitis (0–3) y erosión de molleja (0–3).
Revisar el contenido de la molleja; si presenta más del 50 % de material de cama, calificar como consumo de cama (0–1).
Realizar una incisión longitudinal en el duodeno para evaluar Eimeria acervulina, la cual se presenta como placas blancas en la superficie mucosa o serosa. Calificar según el sistema de puntuación de Johnson y Reid (0–4).
Antes de abrir el intestino delgado, evaluar Eimeria maxima en la capa serosa (externa), la cual se presenta como petequias rojas. Luego realizar una incisión longitudinal a lo largo de todo el intestino delgado para examinar las paredes internas, la presencia de moco anaranjado y el engrosamiento de la pared intestinal. Calificar según el sistema de puntuación de Johnson y Reid (0–4).
Evaluar a lo largo del intestino delgado las siguientes lesiones: hemorragia intestinal (0–3), hiperemia intestinal (0–1), intestinos engrosados (0–1), intestinos adelgazados (0–1), pérdida de tono intestinal (0–1), exceso de moco intestinal (0–1), descamación celular (0–1) y enteritis necrótica (0–1).
Posteriormente, evaluar en los ciegos la presencia de lesiones de Eimeria tenella, que se presentan como petequias en la pared interna del ciego. Calificar según el sistema de puntuación de Johnson y Reid (0–4).
Examinar el contenido de la última sección del recto, después de la inserción de los ciegos, evaluando tránsito rápido (0–1). La presencia de más del 25 % de partículas de alimento sin digerir se considera positiva.
Finalmente, evaluar el exceso de fluido en las heces (0–1).
Casos de campo
A continuación, se presentan algunos casos de campo con su diagnóstico presuntivo, acciones correctivas y resultados obtenidos.
Caso: Micotoxicosis
La micotoxicosis en pollos es causada por la ingestión de alimentos contaminados por hongos (Aspergillus, Penicillium, Fusarium), los cuales producen micotoxinas debido a malas condiciones de almacenamiento de los granos, alta humedad, temperaturas extremas y deficiencias en la higiene de granjas y plantas de alimento, afectando la salud y el rendimiento productivo del ave.
En una granja de broilers, los reportes de evaluación indicaron lesiones petequiales en el hígado, hígado inflamado y pálido, presencia de hígado graso y hepatomegalia. Además, en la tarjeta de control de los galpones se registró una disminución del consumo en los tres últimos días y un ligero incremento de la mortalidad. En la última semana previa a la visita se realizaron evaluaciones del sistema digestivo, encontrándose que el 48 % de las aves presentaban hígado graso y el 36 % hepatomegalia.
Ante estos hallazgos, se enviaron muestras de maíz para análisis de micotoxinas, detectándose niveles elevados de aflatoxinas.
Acciones correctivas
Se cambiaron de inmediato los lotes de maíz utilizados en la fabricación del alimento.
Se incrementó la dosis de aluminosilicato de 1 a 2 kg/TM en todas las dietas. Además, se incorporó un secuestrante más especializado en las dietas de preinicio (1 kg/TM, de 0 a 7 días) e inicio (0,5 kg/TM, de 8 a 21 días), adicionales al aluminosilicato.
A mediano plazo, se implementó un limpiador de maíz en la planta de alimentos, ubicado en la recepción de granos, para separar los finos (impurezas, granos partidos, granos hongueados, polvo, etc.) antes del almacenamiento en silos.
Resultados
Tres días después del cambio de alimento, la mortalidad del lote comenzó a disminuir. Posteriormente, las aves mostraron mayor actividad y un incremento en el consumo de alimento.
Con la implementación del limpiador de maíz se logró separar los finos, observándose una merma entre 1 % y 1,6 %. Las muestras de estos desechos presentaron altos niveles de micotoxinas, en particular aflatoxina (28 ppb) y fumonisina (3450 ppb).
Caso: Tránsito rápido
El tránsito rápido en pollos se debe a factores nutricionales (exceso de proteína, exceso de fibra, mala calidad del alimento), enfermedades como coccidiosis o enteritis, estrés, altas temperaturas o disbiosis. En estos casos, el pasaje del alimento a través del tracto digestivo es muy rápido, no se absorben adecuadamente los nutrientes y se generan heces líquidas, con retraso en el crecimiento de las aves.
En una granja avícola se reportó una alerta por heces con alimento sin digerir en pollos de carne de 32 días de edad. Durante la visita se observaron heces con grandes partículas de maíz y soya, exceso de humedad, moco anaranjado y mala formación de las heces. Se seleccionó un galpón del cual se extrajeron cinco aves para realizar la necropsia.
Diagnóstico
La necropsia reveló inflamación y agrandamiento de los proventrículos, con edema de las glándulas secretoras de ácido clorhídrico (proventriculitis grado 2), además de erosión y estiramiento de las mollejas. Estas lesiones disminuyen la producción de ácido clorhídrico y afectan la digestión. En el intestino delgado se encontró alimento sin digerir, exceso de fluido intestinal, lesiones petequiales en las paredes y bajo tono intestinal.
Acciones correctivas
Aunque frecuentemente se atribuye el problema a la calidad del alimento, el tránsito rápido puede ser causado por uno o varios factores (Butcher et al., 2002). Por ello, se implementaron las siguientes medidas:
Mejoras en las prácticas de manejo en granja, incluyendo ventilación, control de temperatura ambiental, manejo de la cama y aumento de la frecuencia de reparto del alimento.
Cambio del lote de maíz en la planta de alimentos para los siguientes envíos, debido a la posible asociación con toxinas.
Reducción del tamaño de molienda mediante el uso de una malla de menor diámetro para aumentar la superficie de digestión.
Incremento del promotor de crecimiento (avilamicina) de la dosis habitual (10–15 ppm) a una dosis terapéutica de 40 ppm por un periodo de una semana.
Resultados
Tras la implementación de estas medidas se observó una mejora progresiva en las heces. Al finalizar la campaña, se recuperaron la conversión alimenticia y el peso corporal, logrando la venta del lote a la edad programada. Además, el color de la piel y las patas fue óptimo al final del ciclo productivo.


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