Por: MV. Gary Molina Martínez
Especialista en manejo y producción avícola
El Síndrome de Cabeza Hinchada (SHS) es una de las enfermedades respiratorias que mayor preocupación genera en nuestro sector avícola durante la temporada de calor. En la costa, especialmente en provincias productoras como Chincha, Pisco e Ica, el incremento de la temperatura, el polvo ambiental, la humedad y las deficiencias en ventilación crean condiciones ideales para la diseminación de este complejo respiratorio, que afecta tanto a pollos de engorde como a gallinas ponedoras y reproductoras.
Desde la práctica veterinaria de campo, he podido constatar que el verano representa un punto crítico para la sanidad avícola en esta región. Los sistemas intensivos de producción, la densidad poblacional, la escasez de sombra y los errores en bioseguridad abren la puerta a enfermedades como el SHS, que no solo compromete el bienestar de las aves, sino también los márgenes de rentabilidad de las empresas.
Una enfermedad multifactorial que exige control integral
El agente principal asociado al síndrome de cabeza hinchada es el metapneumovirus aviar (aMPV), un virus altamente contagioso que afecta el sistema respiratorio superior de las aves. Sin embargo, su presentación clínica suele complicarse por infecciones bacterianas secundarias como Escherichia coli, Ornithobacterium rhinotracheale o Gallibacterium anatis.
El resultado es un cuadro respiratorio severo, caracterizado por edema facial, inflamación de senos periorbitales, estornudos, descarga nasal y conjuntivitis, además de disminución del consumo de alimento y caída en los indicadores productivos. En parvadas de postura, esto se traduce en descensos de producción y pérdida de calidad del huevo; en pollos de engorde, en mayor conversión alimenticia y retraso en el peso final.
Factores ambientales determinantes en la costa peruana
En la zona de Chincha y otras áreas de la costa, los factores ambientales y estructurales de los galpones son decisivos en la presentación del SHS. Los galpones cerrados con poca ventilación, los techos de calamina sin aislamiento térmico, y el exceso de polvo por caminos no asfaltados son condiciones comunes que favorecen la replicación viral y debilitan las vías respiratorias.
El viento, la presencia de aves silvestres y roedores, y la proliferación de moscas actúan como vehículos de diseminación del virus. Incluso el ingreso de personal o equipos sin las medidas adecuadas de higiene representa un riesgo constante. Por eso, el primer punto de control es fortalecer la bioseguridad, entendida no solo como un conjunto de normas, sino como una cultura organizacional de prevención.
Cada empresa debe evaluar sus protocolos de limpieza, desinfección, control de accesos y flujo de personas. Las barreras sanitarias, el uso de ropa exclusiva, pediluvios efectivos, y el aislamiento de áreas críticas son prácticas básicas que muchas veces se relajan durante el verano, cuando las actividades aumentan y la supervisión se reduce.
Vacunación: una herramienta eficaz solo si se aplica correctamente
El control del metapneumovirus aviar mediante vacunación es una estrategia efectiva, pero su éxito depende estrictamente del manejo técnico del biológico. En la experiencia práctica en Chincha, uno de los problemas más frecuentes es la tercerización del proceso de vacunación a equipos externos (services) que, en muchos casos, no cuentan con la preparación técnica adecuada.
He observado errores graves como mantener las vacunas fuera de la cadena de frío, prepararlas con demasiada anticipación o manipularlas con la mano sin control térmico, lo cual reduce significativamente su eficacia. En estos casos, las aves aparentan haber sido correctamente inmunizadas, pero en realidad quedan susceptibles a los desafíos virales posteriores, manifestando los síntomas en fases productivas clave.
Es indispensable reforzar la capacitación continua de los equipos de vacunación, implementar registros de trazabilidad, monitorear la temperatura de conservación y garantizar que el veterinario responsable supervise el proceso de principio a fin. Una vacuna mal aplicada no solo se pierde económicamente, sino que compromete el estatus sanitario de toda la granja.
Refuerzo de la bioseguridad en temporada de calor
Durante los meses de verano, la bioseguridad y el bienestar animal deben reforzarse de forma coordinada. No basta con desinfectar o vacunar; se requiere control ambiental para reducir el estrés térmico y respiratorio. Acciones prácticas como pintar los techos de blanco para reflejar la radiación solar, aumentar la ventilación natural o mecánica, y verificar la integridad de las mallas (instaladas tras las exigencias sanitarias por influenza aviar) son medidas fundamentales.
Asimismo, debe revisarse el sistema de bebederos para evitar acumulación de agua y proliferación bacteriana, y monitorear la calidad del aire dentro de los galpones, pues el exceso de amoníaco y polvo compromete la mucosa respiratoria y facilita la infección viral.
Nutrición e inmunidad intestinal: la base de una respuesta efectiva
Otro aspecto frecuentemente subestimado es el rol de la nutrición en la inmunidad. En campo se observan numerosos casos de tránsito rápido intestinal, pérdida de mucosa y baja absorción de nutrientes, generalmente relacionados con la presencia de micotoxinas en el alimento. Estos compuestos no solo afectan el rendimiento zootécnico, sino que inmunosuprimen al ave, dejándola vulnerable ante agentes como el metapneumovirus.
Por ello, es indispensable fortalecer los programas de control de calidad del alimento, incorporar adsorbentes de micotoxinas, y evaluar la inclusión de probióticos y prebióticos que favorezcan la salud intestinal. Recordemos que el 70% del sistema inmune del ave se encuentra asociado al tracto digestivo; si esta barrera falla, ningún programa vacunal o desinfección compensará la pérdida de defensa.
Un trabajo conjunto por la sostenibilidad y el bienestar animal
El éxito sanitario frente al síndrome de cabeza hinchada —y frente a cualquier enfermedad respiratoria— depende del trabajo articulado entre veterinarios, empresarios, técnicos y operarios. Debe existir comunicación constante y una planificación preventiva que contemple no solo la enfermedad en sí, sino los factores ambientales, nutricionales y de manejo que la agravan.
La sostenibilidad de la producción avícola peruana requiere equilibrio entre productividad, sanidad y bienestar animal. Aplicar buenas prácticas de bioseguridad, garantizar un manejo adecuado de la vacunación y mantener un enfoque integral sobre el estado inmunológico de las aves son pasos esenciales para minimizar las pérdidas y asegurar la rentabilidad, incluso en condiciones adversas de calor.
El Síndrome de Cabeza Hinchada es un desafío, pero no un enemigo invencible. Con conocimiento técnico, compromiso y disciplina sanitaria, las granjas de la costa peruana pueden mantener su productividad y seguir consolidando una avicultura competitiva, saludable y sostenible.


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