M.V. Sergio Aliaga
saliaga@levania.com.pe
Investigación y técnico en aves – Levania
La avicultura ha ido creciendo a un ritmo bastante acelerado en las últimas décadas. Con el desarrollo y la intensificación de la producción, tenemos ahora más granjas, con una mayor población de aves y una mejor producción. Estos avances han sido excelentes no sólo para el propio sector, sino también para garantizar la seguridad alimentaria de la población humana y su necesidad de proteínas de calidad y a menor costo. Sin embargo, también implican nuevos retos: Una mayor densidad de aves favorece la transmisión y adaptación de las enfermedades entre centros productivos adyacentes, y dentro de los mismos (galpones, o lotes siguientes); asimismo, el incremento en el potencial genético comparado a décadas pasadas significa también un aumento de la presión y el estrés, volviendo más susceptible a la parvada a problemas sanitarios.
Ante estos desafíos, el sector ha respondido con presteza evaluando e implementando nuevos suplementos, antibióticos y fórmulas para mantener los nuevos niveles de producción; así como incorporando medidas de bioseguridad más minuciosas para la prevención y el control de enfermedades, y una de las medidas más críticas es precisamente la desinfección de los ambientes. Si bien su eficacia es indiscutible, esto es sólo si se realiza correctamente; es debido a esto que sugerimos hacer una revisión de los errores más frecuentes que podemos encontrar al llevar a cabo este procedimiento:
1. Efecto de la materia orgánica
La presencia de materia orgánica inevitablemente afecta la actividad microbicida de cualquier desinfectante. Las plumas, restos fecales y otros fluidos protegen y ocultan a los patógenos. El propio biofilm que forman las bacterias es una barrera que les permite eludir el contacto directo con el biocida (de ahí la importancia de un correcto proceso de limpieza previo). Ahora bien, hay que destacar que existen desinfectantes que son neutralizados en mayor o menor medida por la presencia de dichos compuestos orgánicos: Los clorados y los fenoles son los que se inactivan con mayor facilidad, seguido por el amonio cuaternario, yodóforos; y finalmente entre los más estables tenemos al glutaraldehído (Sumano, 2010; The Center for Food Security & Public Health , 2023).
2. Dureza del agua
La dureza del agua implica la cantidad de minerales disueltos. Aunque muchas veces no se toma en cuenta, los iones presentes (principalmente el calcio y magnesio) pueden inactivar las soluciones desinfectantes como el hipoclorito de sodio si están presentes en altos niveles (aguas duras). Los amonios cuaternarios y los yodóforos son los menos afectados por estas condiciones (Sumano, 2010).
3. Dosificación incorrecta
Es imperativo seguir las indicaciones del fabricante para llegar a la concentración necesaria del efecto antimicrobiano. Hay que prestar atención al cálculo de la dilución adecuada y a la cantidad necesaria de solución para el área a desinfectar. No hay que aplicar menos producto para reducir costos; esto está relacionado con el siguiente punto.
4. Re-contaminación
Si el procedimiento no se aplica de manera adecuada y se dejan secciones sin desinfectar, existe el riesgo de que patógenos potencialmente peligrosos sobrevivan y vuelvan a diseminase debido a los fómites o al tránsito de los propios trabajadores, contaminando los lotes siguientes y perpetuando así la enfermedad.
5. Selección del desinfectante correcto según el propósito
Según la FDA (2000), un desinfectante es un agente que destruye diferentes tipos de microorganismos (incluyendo los patógenos) por medios físicos o químicos. Sin embargo, esto no quiere decir que puedan destruirlos en todas sus formas microbianas, como las esporas. Por ejemplo, si queremos erradicar las formas esporuladas de bacterias como Clostridium spp (causantes de la enteritis necrótica) debemos seleccionar desinfectantes con actividad esporicida, tales como el ácido peracético o el glutaraldehído (Jiang et al. 2018).
Levagerm 500 es una solución desinfectante que contiene una mezcla de glutaraldehído y amonio cuaternario, activa contra bacterias gram (+), gram (-), hongos, esporas, virus y levaduras; y eficiente incluso en superficies porosas. Es un desinfectante ideal para el uso en la desinfección de materiales, equipos e instalaciones pecuarias, pediluvios, rodaluvios, plantas de incubación, huevos incubables, tanques de almacenamiento de agua, vehículos de transporte de agua, alimento y aves, superficies comunes en instalaciones donde se manipulan alimentos, paredes, pisos, techos y cuartos fríos. No es corrosivo y presenta un alto efecto residual, sin inactivarse en presencia de materia orgánica o polvo.
En conclusión, la desinfección efectiva en la avicultura es crucial para mantener la sanidad y la productividad de las aves, especialmente en un contexto de producción intensiva y los desafíos sanitarios que esto conlleva. Evitar errores comunes como ignorar el efecto de la materia orgánica, la dureza del agua, la dosificación incorrecta, la re-contaminación y la selección inadecuada del desinfectante, garantiza el éxito de este proceso. La elección de un desinfectante de amplio espectro como Levagerm 500, efectivo contra una variedad de patógenos, esporcicida y resistente a la inactivación, es una herramienta valiosa en la prevención y control de enfermedades en la industria avícola.


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