André Luiz Costa Machado
Gerente Técnico Comercial América del Sur
Hendrix Genetics Layers
La producción intensiva de huevos comerciales requiere un manejo técnico altamente especializado, con un enfoque en maximizar la productividad, mantener el bienestar animal y garantizar la calidad final del producto. Las gallinas ponedoras tienen altos requerimientos zootécnicos y sensibilidad a las variaciones ambientales, nutricionales y sanitarias, lo que hace que el manejo sea una variable crítica para el éxito de la actividad. Este texto resume los principales puntos críticos que deben ser monitoreados rigurosamente para garantizar un desempeño productivo consistente y sostenible.
1. Calidad y manejo de la alimentación
La formulación de la dieta debe ser específica para cada fase fisiológica de las aves (Inicial, Crecimiento, Desarrollo, Prepuesta y Posturas I, II y III), con un estricto equilibrio de nutrientes. La dieta debe cumplir con los requisitos de energía metabolizable, proteína bruta, aminoácidos esenciales (con énfasis en metionina, lisina y treonina), macro y microminerales (especialmente calcio, fósforo, sodio y zinc), vitaminas y aditivos zootécnicos. El calcio, en particular, debe suministrarse en diferentes tamaños de partícula (partículas finas para una absorción inmediata y partículas gruesas para una liberación lenta), optimizando la formación de cáscara de huevo.
El tamaño adecuado de las partículas del alimento, la homogeneidad de la mezcla y la frecuencia de distribución deben gestionarse cuidadosamente para garantizar un consumo óptimo y evitar la selección de ingredientes o la competencia entre aves. Preferiblemente, las aves deben comer la mayor parte de su alimento diario (60%) durante la segunda mitad del día. La rápida deposición de calcio en la cáscara del huevo comienza en este momento y las aves pueden utilizar eficazmente el calcio del alimento para formar una buena cáscara de huevo. La cantidad de alimento distribuida debe ser suficiente para cubrir el aumento del consumo durante la mañana siguiente.
Resumen de los conceptos básicos de la alimentación:
– No alterar el alimento si las aves no alcanzan el peso corporal estándar.
– Promover el crecimiento y desarrollo temprano del esqueleto y los órganos proporcionando alimento desmenuzado / en gránulos como dieta inicial durante al menos 4 semanas y, si es necesario, para alcanzar el peso corporal estándar hasta las 5 o 6 semanas de edad.
– Utilice un alimento uniforme y buena granulometría para el crecimiento, el desarrollo y prepuesta.
– Promover el desarrollo del tracto digestivo y la capacidad de ingesta de alimento de las aves a través del manejo de alimentos (fibra y calcio grueso).
2. Manejo de agua
El agua es el nutriente más consumido por las aves y realiza funciones metabólicas vitales. El suministro debe ser continuo, con presión y caudal adecuados, y con calidad asegurada mediante análisis fisicoquímicos y microbiológicos periódicos. Los parámetros recomendados incluyen pH entre 6,5 y 7,5, ausencia de metales pesados (como hierro y manganeso), bajo contenido de sales disueltas totales (<1.000 ppm), ausencia de coliformes totales y fecales, y temperatura de 20 a 25°C.
La desinfección constante de las líneas de agua con productos aprobados, así como la prevención y eliminación de biofilms, son prácticas indispensables para la prevención de brotes sanitarios.
Observación: La tasa de flujo de agua depende del tipo de sistema, por lo tanto, el proveedor debe proporcionar los valores específicos del sistema.
3. Iluminación
La luz actúa como un sincronizador fisiológico esencial para el inicio y mantenimiento de la producción de huevos, a través de la modulación del eje hipotálamo-hipófisis-gonadal. El programa de iluminación debe seguir un régimen fotoperiódico decreciente en la cría, con una transición gradual hasta alcanzar el fotoperíodo completo (14 a 16 horas de luz diaria) en la fase de puesta, estimulando un crecimiento óptimo en la fase inicial y evitando el inicio temprano de la puesta. Por lo tanto, se deben seguir dos reglas básicas en todos los programas de iluminación:
– No aumente la duración del día en la cría antes del momento de la estimulación de la luz.
– No reduzca la duración del día durante la fase de producción.
La intensidad luminosa es un factor importante durante los primeros días del período de cría, ya que estimula a los pollitos a explorar el entorno y localizar rápidamente el agua y el alimento (20–40 lux). Posteriormente, la intensidad de la luz puede reducirse gradualmente hasta un nivel que, en la práctica, dependerá del mínimo recomendado: entre 5 y 10 lux a la altura del comedero, con distribución homogénea.
El uso de sistemas automatizados (temporizadores o controladores digitales) es recomendado para evitar fluctuaciones que puedan causar estrés o supresión de la postura. Los sistemas de iluminación que utilizan lámparas o fluorescentes de muy baja frecuencia pueden generar parpadeo (flickering), lo cual estresa a las aves. Se debe utilizar luz de espectro cálido (amarillo-anaranjado), con un máximo de 3.000 °K.
Observación: El peso mínimo de referencia para el estímulo luminoso será:
– 1.150g a 1.200 g para ponedoras de huevos blancos.
– 1.300 g a 1.350 g para ponedoras de huevos marrones.
4. Ambiente
Las condiciones microclimáticas del galpón impactan directamente el confort térmico y, en consecuencia, la ingesta de alimento, el metabolismo y el rendimiento zootécnico.
La zona de confort térmico para ponedoras adultas varía entre 18°C y 25°C, con niveles ideales de humedad relativa entre 50% y 70%. Temperaturas superiores a 30°C provocan estrés térmico, acidosis respiratoria, caída en la tasa de postura y aumento de la mortalidad. Los sistemas de ventilación natural o mecanizada (extractores, nebulizadores, ventiladores y cortinas automatizadas) deben dimensionarse de acuerdo con la densidad poblacional y las condiciones climáticas locales, garantizando una renovación eficiente del aire y el control de gases nocivos como:
Amoníaco: idealmente <10 ppm
Dióxido de carbono (CO₂): máximo 2.500 ppm
Si el aire dentro del galpón está sofocante, húmedo, con mal olor o cargado de polvo, entonces la tasa de renovación de aire es demasiado baja.
La tasa mínima de intercambio de aire recomendada es de 0,7 m³ / hora / kg de ave viva.
5. Recolección, almacenamiento y calidad de huevos
La recolección de huevos debe realizarse a intervalos regulares (mínimo de 3 a 4 veces al día) y con atención a la integridad e higiene del producto.
El manejo inadecuado puede causar microfisuras en la carcasa y aumentar el riesgo de contaminación bacteriana. Los huevos deben almacenarse en un ambiente climatizado, con una temperatura entre 10°C y 18°C y una humedad relativa entre el 80% y el 85%, para preservar la calidad interna y reducir la tasa de evaporación de la cámara de aire. La clasificación debe seguir criterios normativos, descartando huevos sucios, agrietados, con cáscara o deformidad estructural.
6. Densidad de Alojamiento y Espacio
La densidad poblacional influye directamente en el comportamiento, la sanidad y los índices productivos. En sistemas convencionales de jaulas, se recomienda un área útil de 380 a 450 cm² por ave, considerando la línea genética y la fase productiva. En sistemas alternativos en piso, la densidad debe ser de 6 a 9 aves/ m² en áreas cubiertas, con acceso a zonas de pastoreo cuando sea aplicable.
Densidades inadecuadas provocan competencia por recursos, canibalismo, desuniformidad corporal, aumento de la mortalidad y predisposición a enfermedades respiratorias y entéricas.
Para la producción en galpones con laterales abiertas, donde hay exposición a alta intensidad de luz natural, se recomienda el tratamiento del pico. Sin embargo, un único tratamiento al día de edad o una leve inclinación a los 10 días puede no prevenir completamente los picoteos. Si se realiza de forma muy severa a esa edad, puede provocar una reducción en la tasa de crecimiento y en la uniformidad. En estas condiciones, el tratamiento del pico puede realizarse dos veces: un tratamiento leve entre los 7 y 10 días, y una segunda operación entre las 7 y 9 semanas de edad, siempre que las regulaciones locales lo permitan.
7. Bioseguridad
La bioseguridad es el conjunto de medidas preventivas destinadas a prevenir la introducción y propagación de patógenos en el rebaño. Incluye un estricto control de acceso de personas, vehículos y materiales al aviario, uso de barreras físicas (vallas, pediluvios, rodoluvia), protocolos de higiene personal (EPP’s, baño y cambio de ropa) y control de vectores (roedores, moscas, escarabajo de la cama y aves silvestres).
La limpieza y desinfección entre lotes debe seguir protocolos validados, y se debe respetar el vacío sanitario. El programa de vacunación debe estructurarse de acuerdo con el estado de salud regional, con vacunas administradas juiciosamente, con el objetivo de prevenir enfermedades como la enfermedad de Marek, Newcastle, Bronquitis Infecciosa, Laringotraqueítis, Coriza Infecciosa, Viruela aviar, Gumboro, Salmonelosis y Micoplasmosis.
8. Control Sanitario
La vigilancia sanitaria del plantel debe incluir un seguimiento continuo de la salud de las aves mediante necropsias de rutina, colecciones serológicas, seguimiento del rendimiento zootécnico y observación del comportamiento. Los cambios en el patrón de producción (caída de la puesta, empeoramiento de la calidad de la cáscara, aumento de la mortalidad, variaciones en la ingesta) deben investigarse rápidamente, además de monitorear la calidad intestinal y hepática de la parvada, lo que ayuda a garantizar la persistencia productiva.
Las acciones correctivas basadas en el diagnóstico de laboratorio (parasitológico, bacteriológico, histopatológico) son esenciales. El control de parásitos internos (Ascaridia galli, Heterakis gallinarum, Raillietina sp y Coccideos) y parásitos externos (ácaros y piojos) debe realizarse con principios activos registrados, respetando los periodos de retiro.
9. Monitoreo del desempeño zootécnico
La gestión técnica debe guiarse por indicadores zootécnicos fiables. Las métricas clave incluyen: tasa de puesta (%), conversión alimenticia (kg de alimento / docena de huevos), peso corporal, uniformidad de la parvada (% de aves dentro del rango de peso estándar), ingesta de agua y alimento, proporción de huevos comerciales frente a huevos desechados, tasa de mortalidad acumulada, sacrificio de aves de corral y viabilidad del rendimiento. El registro y análisis continuo de estos datos en comparación con las curvas guía de la cepa utilizada permite intervenciones tempranas y apoya las decisiones técnicas con mayor precisión, promoviendo una mayor eficiencia y rentabilidad.
El factor más importante para juzgar la calidad de un lote es su uniformidad. Una manada es uniforme cuando al menos el 80% de los pesos están dentro de un rango de ± 10% del promedio. Utilizando dispositivos de pesaje modernos, también es posible obtener el coeficiente de variación (CV), que es la relación entre la desviación estándar y la media de la población expresada en %. Un CV por debajo del 8% se considera bueno.
Consideraciones finales
La producción moderna de huevos requiere un enfoque sistémico e integrado, con un alto grado de profesionalismo, tecnología y capacitación técnica. La optimización de los puntos críticos de gestión descritos es fundamental para asegurar la rentabilidad, el bienestar animal y la sostenibilidad de la actividad avícola. Las inversiones en infraestructura, bioseguridad, calificación laboral y tecnología de la información son estratégicas para garantizar la competitividad y el cumplimiento de los requisitos del mercado de consumo y la legislación vigente.


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