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Evaluación de un complejo enzimático en el levante de ponedoras – Parte 2

Evaluación de un complejo enzimático en el levante de ponedoras  – Parte 2

Autores: Jennifer Sandoval Costilla1 y Marcial Cumpa Gavidia2
1. Ingeniero Zootecnista.
2. Profesor Principal, Departamento Académico de Producción Animal – UNALM

 

En el presente artículo continuamos revisando algunos aspectos relacionados a la revisión bibliográfica sobre uso de complejos enzimáticos en pollas de postura. Uso de enzimas digestivas en la nutrición de aves Lázaro et al., (2002) indican que los efectos beneficiosos de las enzimas exógenas en dietas de ponedoras se deben principalmente a una mejora en la digestibilidad de los nutrientes. El uso de las enzimas exógenas en el alimento de los animales aumenta la utilización de todos los constituyentes del alimento y hace posible el uso de ingredientes de menor calidad. Esto por supuesto, se traduce en costos menores de alimentos y utilidades más altas (Cortés et al., 2002). Numerosos autores han demostrado que mediante la aplicación de enzimas la producción puede ser mejorada hasta un 10% (Cowieson et al., 2000), obviamente el efecto positivo de estos aditivos depende de la cantidad y la calidad de los alimentos incluidos en la mezcla, utilizando cierto nivel de energía y cierto tipo de enzimas, así como las condiciones de engorde (Acamovic, 2001).

Los resultados obtenidos recientemente, indican que el mejor efecto se realiza mediante el uso de dos o más enzimas en los alimentos (Wu et al., 2003). Cortés et al., (2002) realizaron un experimento con pollos de engorda (1- 21 días) observando que las aves que consumieron la dieta normal ganaron 111 g más que las aves que consumieron la dieta baja en proteína cruda y energía metabolizable, lo que representa un crecimiento 5.8% menor en esta última.

Asimismo, las aves que recibieron enzimas en la dieta ganaron 134 g más que las que no recibieron enzimas. Yu y Shung (2004), experimentaron con una dieta recomendada por el NRC(1994) en cuanto al nivel de energía para pollos de carne y la compararon con una de 3% menos de energía adicionada con un complejo enzimático compuesto por xilanasa, α- amilasa y β- glucanasa, se observó que obtuvieron un aumento de peso superior. Asimismo, se encontró una mejor conversión alimenticia en las aves que recibieron enzimas que en aquellas que no las recibieron (9.8% más de alimento consumido por kg ganado). Torres et al., (2003) verificaron el efecto de un complejo multienzimático (amilasa, proteasa y xilanasa) añadido a las dietas con dos niveles de proteína y la adición de tres niveles de complejos multienzimáticos: 0,5; 1,0 y 1,5 g / kg en las dietas para pollos de engorde. Los resultados mostraron un mejor rendimiento de los pollos alimentados con la interacción entre la enzima y la dieta que tiene menos proteína. En este caso la adición de 1,0 g / kg mejoró la ganancia de peso y la conversión alimenticia a los 28 días de edad. En los otros dos casos no se mostró diferencia alguna.

La suplementación con enzimas en alimentos para aves es necesaria, en algunos casos, para eliminar factores antinutricionales de los cereales y así mejorar, por ejemplo, la digestión y absorción del fósforo de dieta de inicio. Desafortunadamente, muchos granos presentan altas concentraciones de ácido fítico, conteniendo entre el 60-80% del fósforo total. El fósforo fitático no es utilizable por los pollos debido a la falta de enzimas necesarias para hidrolizar el fitato en fósforo inorgánico e inositol (Camiruaga et al., 2001). Ávila (2001), reportó que con la inclusión de enzimas como las fitasas en la alimentación animal, en este caso para dietas a base de sorgo con soya para pollos de engorda mejoró la ganancia en peso hasta el nivel de adición de 750 unidades de fitasa, equivalente a la suplementación de 0.1 % de fósforo inorgánico. De los estudios, se concluye que la adición de una fitasa microbiana fue suficiente para aliviar los signos de deficiencia (raquitismo, mortalidad, depresión del crecimiento en pollos) en dietas con sorgo más soya deficientes en fósforo inorgánico. En un trabajo realizado por Persia et al., (2002) concluyeron que las enzimas exógenas mejoran la salud de las aves, ya que pueden tener un efecto prebiótico en la calidad de las heces del sustrato para la proliferación de bacterias beneficiosas, para la acogida en detrimento de las bacterias patógenas, por lo tanto mejorar la salud de aves.

Efecto de la suplementación enzimática sobre el valor nutritivo de los insumos alimenticios
En cereales viscosos, como el trigo y la cebada, los polisacáridos no amiláceos son responsables del 70 a 80% de la variación en el valor nutritivo. Este amplio rango de variación puede ser reducido con la aplicación de las enzimas, siendo éstas más efectivas cuando la viscosidad aumenta (Bedford, 2000). Las enzimas β-glucanasa y fitasa se han usado como suplemento con buenos resultados especialmente en dietas basadas en trigo, triticale, cebada (10- 50%) y centeno. Ellas actúan sobre los presentes en la pared celular de las plantas, disminuyendo la viscosidad de tracto gastrointestinal, aumentando la digestibilidad de la materia seca, proteína y aminoácidos, incrementando el contenido de energía metabolizable en la dieta, reduciendo la retención de grasa, tamaño y peso del duodeno, yeyuno, íleon, colon, páncreas, hígado y proventrículo; y de esta manera reduciendo el consumo de alimento, mejorando la ganancia de peso y conversión alimenticia (Camiruaga et al., 2001). El sorgo contiene taninos que reducen su valor nutricional para animales no rumiantes disminuyendo la digestibilidad de la materia seca y la proteína al enlazarse con algunas de sus fracciones.

Los taninos también inhiben las enzimas digestivas in vivo e in vitro. Al reemplazar el maíz por sorgo con gran cantidad de taninos se afecta adversamente el crecimiento y la eficiencia alimenticia (Camiruaga et al., 2001). El maíz, el cual es menos afectado por la suplementación enzimática, que otros granos debido a su baja concentración de polisacáridos no amiláceos (NSP), en un estudio realizado se obtuvo una mejora de 2 a 3% en la conversión alimentaria que ha sido reportada en dietas basales de maíz suplementadas con enzimas (Gahona y Wetzig, 2006). Camiruaga et al., (2001) no encontraron buenos resultados con la adición de enzimas β-glucanasas y fitasas a dietas a base de maíz en pollos de engorda. Los resultados obtenidos confirman la hipótesis planteada de que las enzimas actúan cuando el substrato correspondiente se encuentra presente. Mientras que Moraes (2000), realizó un experimento con pollos de carne en un período inicial (1-21 días) no se observaron diferencias en la ingesta y la ganancia de peso entre aves
que recibieron como única fuente de proteínas harina de soya, con la adición o la ausencia de complejos enzimáticos (α-galactosidasa, pectinasas, celulasa, proteasas y lipasas).

Un estudio de crecimiento de pollos de engorde se realizó a fin de investigar el valor de sustitución de harina de canola por la harina de soya en dietas de pollos de engorde con o sin la adición de dos productos comerciales enzimáticos. Fueron alimentados ad libitum como iniciador (día 0-21) y acabado (día 21-37). Todas las dietas incluyeron una alta proporción de sorgo como el principal componente de los cereales y la harina de soya (20% y 24,5%) o la harina de canola (35% y 28,9%) fueron incluidos como único concentrado de proteínas. La inclusión de la harina de canola en lugar de la harina de soya y la adición de enzimas a dietas basadas en la harina de canola no afectó el consumo de alimento (Kocher et al., 2001). Cortés et al., (2002) realizaron un estudio en pollos de engorda probando dietas maíz-soya con y sin la inclusión de enzimas (α-amilasas, proteasas y arabinoxilanasas).

En la primera investigación consiguió que los pollos obtuvieran mejores pesos, puesto que estas enzimas mejoran la digestibilidad de la proteína al disminuir los factores antinutricionales encontrados en la pasta de soya y el aprovechamiento de los carbohidratos al hidrolizar la pared celular del grano.

Sin embargo, cuando las mismas enzimas se incluyeron en dietas a base de sorgo-soya la ganancia de peso no mejoró estadísticamente. Calizaya (1998), realizó una investigación
en pollos de carne (1-42 días) y no encontró diferencias significativas en consumo de alimento, mostrando un mayor consumo promedio en grupos de aves que recibieron la dieta basal sin suplementación enzimática con relación a las dietas suplementadas, en los cuales los niveles de consumo fueron menores. Souza (2005), experimentó con el complejo multienzimático que contiene  (α-galactosidasa, pectinasa, celulasas, proteasas) que lo usó como aditivo en la alimentación de pollos de carne en las proporciones de cero (control) o de 1,55 kg / t de alimento, en dietas a base de harina de soya y sorgo o el mijo y la harina de soya, teniendo como resultado que no mejora el aumento de peso, y la conversión de alimento de 8-21 días de edad. Estos resultados no concuerdan con el trabajo realizado en pollos de carne por Wang et al., (2005) quienes obtuvieron diferencias significativas
al adicionar enzimas xilanasas y β- glucanasas en dietas a base de trigo.

Pollas de reposición o de reemplazo

En la crianza de aves para el reemplazo de reproducción de ponedoras es necesario obtener pollonas bien desarrolladas con buenas y excelente uniformidad, viabilidad, vitalidad y peso a las 18 semanas, para lograr una elevada tasa de producción de huevos (Fernández, 2001). Carrizo y Lozano (2007), mencionan que en las primeras horas después de la llegada de las pollitas a las granjas son decisivas para conseguir un buen arranque de las mismas. Cuanto más precozmente y en mayor cantidad consuma pienso, la pollita más rápida y mejor será la reabsorción del saco vitelino (es el resto que queda de la yema de huevo una vez nacidos los pollos).

Cuando las pollitas no arrancan bien a comer a partir del tercer día de vida van a aumentar las bajas, que continuarán hasta el quinto o sexto día. Normalmente, si hay un porcentaje de animales que no comen hay otro número de animales, generalmente mayor, que lo hace de forma insuficiente con lo que, además de las bajas, se
tendrá un lote de pollitas desiguales y escasas de peso (Carrizo, 2005). En las primeras semanas de vida partículas muy gruesas dificultan el consumo, siendo aconsejable hacer moliendas finas. A medida que los animales crecen podremos utilizar moliendas groseras no importando que puedan aparecer granos de trigo o cebada enteros, y los más uniformes posibles. No importando del tipo de cereal que se hable, el problema radica en la gran cantidad de almidón que se pierde cuando los granos, aún los excelentes procesados, llegan a la parte terminal del intestino sin haber sido digeridos adecuadamente por el animal (Díaz, 2002). El consumo en las tres primeras semanas de vida es muy bajo (350gr/pollita) de manera que el coste del concentrado de inicio en el coste total de producción es mínimo, pero su importancia en el arranque de las pollitas es alta (Carrizo, 2005).

Durante los primeros días de vida, los pollitos son poco eficientes para digerir proteínas y grasas, sin embargo, la actividad enzimática intestinal se estabiliza a partir de los 10 a los 14 días de edad (Batal y Parsons, 2002). El peso a la quinta semana tiene una gran correlación con la edad de inicio de la puesta, persistencia de esta, mortalidad del lote y en definitiva con los resultados productivos. Esto es debido a que en la primera fase de crecimiento se produce sobre todo el desarrollo de los órganos vitales de la gallina y de ellos va a depender una mayor capacidad de producción y una menor mortalidad de las aves (Carrizo, 2005). Cada órgano se desarrolla en momentos determinados y las necesidades variarán de acuerdo con la fase de desarrollo de los distintos órganos a lo largo de la recría de las pollitas. La curva de incremento de peso es sigmoidea (casi lineal), durante las 18 semanas de la recría hay un periodo de fuerte crecimiento hasta las 5-6 semanas, se estabiliza hasta las 10 y se reduce de 10 a 16 semanas (Carrizo y Lozano, 2007). Lázaro et al., (2004) indicaron que el efecto beneficioso de las enzimas sobre la salud intestinal del pollo se debe a su efecto positivo en el control de la flora intestinal que resulta en un menor grosor de las paredes intestinales y de la longitud del tracto gastrointestinal.

En el próximo número continuaremos con el desarrollo del artículo.

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