Pablo Lencioni
Desarrollo de Productos y Mercados – I+D Responsable
CLADAN
El problema del amoníaco en la producción avícola
La acuciante crisis socio-ambiental torna esencial reducir al mínimo posible los impactos ambientales y sanitarios de las explotaciones animales intensivas. En el caso de la avicultura, la emisión de amoníaco (NH3) por parte de las excretas es reconocido como uno de los principales problemas ambientales vinculados a la actividad, tanto por sus impactos ambientales como sobre la salud de los trabajadores de la granja como sobre la salud y desempeño productivo de las aves.
La Unión Europea (UE), ha reportado que el sector agrícola es responsable de la gran mayoría de las emisiones totales de amoníaco (93,3%) siendo el principal causante el manejo de las heces durante la producción animal (Figura 1). Por otra parte, la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (EPA) estima que la agricultura animal representa del 50 -85% de la volatilización total de amoníaco del país.

En forma gaseosa, el NH3 puede viajar largas distancias por aire antes de su deposición, por lo cual forma un problema local y regional a sotavento de su fuente de emisión. Adicionalmente, el amoníaco es un precursor de las partículas secundarias a través de su capacidad para reaccionar químicamente con otros contaminantes atmosféricos, incluidos NOx y SO2, lo que contribuye a la formación de neblina regional y a la formación de material particulado < 2.5 um (PM 2.5), el cual es considerado un contaminante de gran relevancia ambiental y para la salud pública.
La avicultura es una de las actividades productivas con mayor contribución a las emisiones de NH3. El amoníaco se genera durante la descomposición química y microbiana del ácido úrico después de la excreción del ave.

Un pH más bajo, una temperatura más baja y un contenido de humedad de estiércol más bajo reducen la volatilización de NH3, por lo que el manejo de las excretas es clave para reducir las emisiones de NH3. De acuerdo a los criterios ambientales establecidos por la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos), para una nave de pollos de engorde con 30.000 aves, las emisiones diarias superiores a 1,5 g/ave proporcionarán más que el umbral de 45 kg NH3/día considerado como límite de aceptación para gases nocivos emitidos por fuentes puntuales.
El gas amoníaco actúa como un tóxico por exposición aguda y crónica tanto para humanos como para las aves. Los niveles altos de amoníaco pueden provocar dificultad para respirar, irritación de las vías respiratorias superiores, inflamación de las membranas mucosas del ojo, o una combinación de estos síntomas. Los estudios han encontrado que la exposición a 20 a 25 ppm (mg/m3) a lo largo de la producción puede resultar en una mayor susceptibilidad a desafíos secundarios (por ejemplo, virales o bacterias), disminución de la eficiencia alimenticia y daño tisular.


Las diversas regulaciones nacionales han establecido un límite de exposición de 25 ppm para amoníaco en el aire del trabajo durante una jornada de 8 horas diarias, un límite de 35 ppm durante un período breve de 15 minutos, y de 50 ppm durante un lapso de exposición de 5 minutos. Un nivel de 300 ppm implica riesgo de muerte ante una exposición de pocos segundos. Diversas investigaciones han hallado evidencias de daños a nivel respiratorio a niveles de exposición constante tan bajos como 10-12 ppm, tanto en humanos como en otros animales. Estos valores siempre deben analizarse en función del necesario principio de precaución, el cual indica que ante la incertidumbre, debe procederse de la forma que asegure la máxima protección ambiental y sanitaria, razón por la cual debería apuntarse a lograr los niveles más bajos informados en la literatura.
Finalmente, además de sus beneficios sanitarios, productivos y ambientales, controlar las tasas de emisión resulta en una reducción de costos directos para el productor, al disminuir los requerimientos de ventilación y por lo tanto, de potencia mecánica para la circulación de aire, y reducir por esta vía también la energía requerida para calefacción.
Desde el año 2019 CLADAN SA, en pos del asesoramiento, servicio a sus clientes y búsqueda de soluciones a la problemática del amoníaco, comenzó con su equipo Técnico Comercial, Departamento de Investigación y Desarrollo y empresas regionales asociadas a lo largo de toda América Latina, diversos monitoreos de la calidad de aire en numerosas integraciones avícolas. Paralelo a estos monitoreos, se evaluaron diferentes factores de la calidad de cama que influyen significativamente en la producción y concentración de amoníaco en el aire, comprendiendo desde sus características físicas (aspecto y cantidad de reúsos) hasta sus características químicas y biológicas (pH, humedad y composición microbiológica).

CONTROL DOBLE A ®. Una herramienta valiosa para la reducción de emisiones de amoníaco
Como respuesta ante este acuciante problema ambiental, sanitario y productivo, surge la propuesta de un producto de aplicación sencilla, de efecto inmediato y duradero, el CONTROL DOBLE A®. Este producto, constituye una eficaz herramienta que contribuye a reducir las emisiones de NH3 al ser aplicado en la cama o cualquier soporte donde haya excretas presentes, formulado a base de una mezcla de minerales que permite reducir la conversión del nitrógeno excretado a la forma amoníaco, reteniendo mayor cantidad de nitrógeno en la cama. El producto puede ser aplicado también en presencia de los animales, lo cual ofrece una ventaja frente a problemas que puedan surgir con altas concentraciones de amoníaco en pleno ciclo de producción.
Los monitoreos de seguimiento realizados a nivel regional por el equipo, así como empresas asociadas (Alinat Perú, en el caso local), han mostrado la consistencia y robustez de los resultados, con promedios que superan la reducción de las emisiones en más de un 60%, mantenido a través de semanas de producción.



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