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Uso de anticoccidiales en las dietas de aves comerciales

Un producto anticoccidial de amplio espectro, a veces, puede ser administrado al nivel más bajo aprobado para brindar protección entre aves de larga vida productiva de 6 a 12 semanas.

Escribe:

Daniel Molina Meza
Médico Veterinario – Supervisor de Investigación + Desarrollo + Innovación en ilender Perú S.A.

La administración de productos para el control de la coccidiosis o anticoccidiales se inició a mediados del siglo pasado como respuesta al desarrollo de la industria avícola cárnica y la necesidad de controlar brotes por diferentes especies de Eimerias, siendo las principales en pollos Eimeria acervulina, E. maxima y E. tenella.

Antes del desarrollo de los anticoccidiales, el tratamiento antiparasitario se utilizaba en casos donde ya eran evidentes los signos de infección; sin embargo, las pérdidas eran incompatibles con la relación costo beneficio. Esto llevó a las industrias farmacéuticas veterinarias a buscar y desarrollar compuestos químicos, los cuales resultaron ser muy efectivos contra las coccidias en su momento (Chapman, 2009). Por ello, el concepto de medicación preventiva se introdujo como práctica común para controlar la enfermedad.

Actualmente, la mayoría de la producción comercial de aves reciben tratamientos de este tipo, siendo la medicación terapéutica el último recurso ante un brote (Sumano y Gutiérrez, 2010).

La necesidad de controlar la coccidiosis para reducir el impacto negativo sobre el rendimiento y la productividad de las parvadas llevó al desarrollo de nuevos fármacos entre las décadas del 60 y 80. Sin embargo, se observó que estos compuestos se volvían poco efectivos al cabo de un período de tiempo debido a la rápida generación de resistencia, lo que demandó su uso prudente y cambiar a otro medicamento antes de que la resistencia se haya acumulado. Esto se convirtió hasta la fecha en una limitante del potencial comercial que explica los cortos ciclos de vida de algunos productos químicos sumado a los costos cada vez más altos asociados con el registro de anticoccidiales (De Gussem, 2007).

Clasificación

Los anticoccidiales en base a su efecto se pueden clasificar en coccidiostáticos y coccidicidas. Mientras los primeros tienen una acción inhibitoria sobre el desarrollo de ciertos estadios del parásito, los cuales pueden ser reversibles; los segundos afectan irreversiblemente en la mayoría de los estadios causando su muerte; lo cual a su vez impide el desarrollo de inmunidad por parte del ave frente a la infección (Conway y McKenzie, 2007).

Por su origen, los anticoccidiales se pueden dividir en compuestos sintéticos, ionóforos y combinaciones de estos (Chapman, 2005; Quiroz- Castañeda y Dantán-González, 2015). En el caso de los compuestos sintéticos, también conocidos como químicos, fueron el primer tipo de medicamentos usados como terapéuticos y posteriormente empleados como agentes preventivos de la coccidiosis. Entre ellos podemos mencionar a la nicarbacina, amprolio, decoquinato, diclazuril, robenidina, halofuginona, toltrazuril y diclazuril.

El descubrimiento y desarrollo de los antibióticos ionóforos poliéter, comenzó con la monensina en la década de 1970 y a partir de allí se desarrollaron una serie de moléculas para combatir la enfermedad, las cuales fueron clasificadas en base a su selectividad de cationes, capacidad de transporte y estructura como:

a) monovalentes (monensina, salinomicina, narasina), b) glucósidos monovalentes (maduramicina, semduramicina) y c) divalentes (lasalocid) (Chapman, 2014). Este tipo de anticoccidiales adquirieron mayor popularidad en la mayoría de los países por el riesgo relativamente limitado en la aparición de resistencia completa, al menos, cuando fue comparada su eficacia respecto a los productos químicos (De Gussem, 2007; Peek y Landman, 2011).

Los ionóforos son una familia de antibióticos polietéricos producidos por la fermentación de una serie de cepas de Streptomyces spp. Estos actúan formando complejos lipófilos con cationes como Na+, K+, Ca++ y Mg++, que son transportados al interior de las membranas biológicas de las células del parásito provocándole modificaciones iónicas y luego la muerte celular (Conway y McKenzie, 2007).

Programas anticoccidiales

Ante la falta de nuevas moléculas anticoccidiales, la industria avícola ha visto la necesidad de emplear racionalmente el abanico, cada vez más corto, de aquellos con los que puede disponer, con el fin de prevenir la aparición de resistencias a estos productos.

Para ello, tener una visión a largo plazo en cómo elaborar una adecuada rotación de anticoccidiales se hace cada vez más básico y necesario.

La planificación de los programas que incluyen el uso de anticoccidiales toma en consideración diversos factores como ubicación geográfica, temporada del año, principios activos o vacunas usados en los últimos meses, prevalencia de especies de coccidias, objetivos productivos, entre otros (McDougald y Fitz-Coy, 2013). Estos productos se agregan comúnmente a las dietas de inicio y crecimiento, pero no en aquellas de finalización o acabado de las parvadas.

A nivel comercial, una estrategia para minimizar la aparición de resistencia por parte del parásito es el empleo de programas directos (completos) y programas duales.

En cuanto a los primeros, la estrategia es emplear un mismo anticoccidial (generalmente ionóforos como narasina, salinomicina, maduramicina) en la fase de inicio y crecimiento de las aves, principalmente en las épocas de primavera y verano; y de acuerdo al nivel de desafío en que se encuentren las parvadas. En algunos programas completos, la concentración del anticoccidial puede incrementarse en la fase de crecimiento para conferir la máxima protección en el pico de mayor eliminación de ooquistes por Eimerias (3-4 semanas), esto se conoce como un programa de refuerzo o incremental. En otros casos, la concentración del anticoccidial puede disminuir en la fase de crecimiento o finalizador, que se conoce como un programa de reducción (The Poultry Site, 2008).

En cuanto a los programas duales, estos consideran la adición de un anticoccidial químico en la fase de inicio y un anticoccidial ionóforo en la fase de crecimiento (Quiroz-Castañeda y Dantán-González, 2015). En este tipo de programas las combinaciones con nicarbazina o químicos de poco efecto depresor (robenidina, diclazuril, clopidol) son recomendados.

La razón del empleo de estos conceptos está en la reducción de la resistencia al anticocccidial porque el tiempo de la exposición al fármaco es limitado. Debido a la aparición de resistencia cruzada entre drogas anticoccidiales, los principios activos con un modo de acción distinto deben usarse dentro de los programas completos y duales (Jeffers, 2011).

Para optimizar el uso de medicación a nivel de campo contra la coccidiosis, se hace relevante obtener información científica sobre los perfiles de sensibilidad a medicamentos de Eimeria spp. concerniente a los aislamientos que se obtienen en el campo. Esta información solo puede obtenerse realizando una prueba de sensibilidad anticoccidial (AST- Anticoccidial Sensitivity Test, por sus siglas en inglés) in vivo en jaulas de batería. Pese a que la AST es una de las pocas herramientas para la detección de resistencia a los anticoccidiales, su empleo puede resultar lento y costoso; además de que los aislamientos con frecuencia se originan a partir de brotes de enfermedades (y pueden no ser siempre representativos del campo) y deben propagarse primero en pollos libres de patógenos específicos para la multiplicación, lo que puede resultar en la selección de coccidios no relevantes. Sin embargo, la comunidad científica generalmente acepta que los AST proporcionan información valiosa y se les debe prestar más atención en los programas de prevención de la enfermedad (Peek y Landman, 2011).

En cuanto a las aves de postura comercial y reproductoras, las pollitas que tengan el período de levante en piso y luego se críen en jaulas, no dependen tanto de la inmunidad a la coccidiosis como aquellas que realizan el ciclo productivo completo en piso. Para este caso, se emplean medicamentos preventivos contra la coccidiosis, al igual que los pollos de carne, hasta que son trasladados a las jaulas (Cervantes et al., 2020).

Las pollitas reproductoras que se mantendrán en el piso durante la puesta deben tener inmunidad a la coccidiosis y pueden vacunarse. La vacunación con exposición controlada se puede administrar por medio de productos vivos producidos comercialmente (Peek y Landman, 2011).

Un producto anticoccidial de amplio espectro, a veces, puede ser administrado al nivel más bajo aprobado para brindar protección entre aves de larga vida productiva de 6 a 12 semanas. Algunos productores disminuyen el nivel del medicamento durante las últimas 4 semanas en un programa de reducción, aunque como se mencionó anteriormente, esto podría llevar a desarrollar infecciones inmunizantes a pesar de la presencia del medicamento en las aves.

A la larga esto permitiría estimular el sistema inmunitario del huésped para protegerlo contra brotes graves y tal exposición sería suficiente para proteger contra todas las especies (Cervantes et al., 2020).

La literatura se encuentra a disposición del lector y puede ser solicitada al siguiente correo electrónico: dmolina@ilendercorp.com

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