¿Sus pollos comen, pero no crecen como deberían?… Revise su salud intestinal

Salvador Helgueros Ávila
Norel Animal Nutrition

Cuando los pollos no alcanzan el peso esperado, una de las primeras preguntas suele ser: ¿qué está pasando con el alimento? Revisamos su contenido de proteína, energía, vitaminas y minerales, e incluso consideramos cambiar de proveedor o ajustar la fórmula. Sin embargo, junto con la calidad del alimento, también es importante prestar atención a la salud del intestino encargado de digerir y absorber los nutrientes de la dieta.

Pero ¿qué entendemos por salud intestinal? Es la condición que permite al intestino realizar adecuadamente tres funciones clave: 1) Participar en la digestión del alimento. 2) Absorber los nutrientes. 3) Actuar como una barrera de protección frente a microorganismos y sustancias que pueden dañar al ave. Una buena salud intestinal depende del funcionamiento coordinado del tejido intestinal, los microorganismos que lo habitan (microbiota) y las defensas del organismo.

La función protectora intestinal depende, en buena medida, de que la pared intestinal se mantenga íntegra. Las células que recubren el interior del intestino y las uniones entre ellas forman una barrera que ayuda a regular lo que atraviesa del intestino al sistema circulatorio. Conservar esta estructura y su funcionamiento es lo que conocemos
como integridad intestinal, y cuando este es alterado, se facilita el paso de bacterias y sustancias dañinas, favoreciendo la inflamación, y afectando la salud y el desempeño del ave (Gilani et al., 2021).

Para entender su importancia, pensemos en lo que ocurre después de que el pollo consume el alimento. Durante la digestión, el alimento se descompone en sustancias más simples que el ave puede absorber, y gracias a que la superficie interna del intestino delgado tiene pequeñas prolongaciones llamadas vellosidades recubiertas por células, permiten el paso de los nutrientes hacia el organismo. El tamaño de estas estructuras aumenta la superficie disponible para la absorción de manera proporcional; cuando las vellosidades se dañan, el aprovechamiento de los nutrientes disminuye, aun cuando estos estén presentes en las cantidades adecuadas en la dieta.

¿Qué puede alterar la salud intestinal? Durante la crianza, los pollos pueden enfrentar situaciones que afectan el funcionamiento de su intestino como el exceso de calor, los periodos prolongados sin acceso al alimento y las infecciones intestinales. Estos factores pueden dañar el tejido que lo recubre o alterar las uniones entre sus células, debilitando su función de barrera (Gilani et al., 2021).

Por ejemplo, el estrés por calor puede afectar la integridad intestinal, además de reducir el consumo de alimento (Nanto-Hara et al., 2020). Por su parte, las coccidias, parásitos del género Eimeria, pueden lesionar el intestino y comprometer tanto su función protectora como el aprovechamiento de los nutrientes (Teng et al., 2020).

Cuando un lote no alcanza el crecimiento esperado, conviene revisar las condiciones del galpón, la disponibilidad de alimento y los problemas sanitarios que puedan estar afectando a las aves, ya que el crecimiento no depende únicamente del manejo y de los nutrientes que aporta la dieta, sino también de las condiciones del intestino para aprovecharlos.

¿Qué ocurre cuando los pollos reciben la misma dieta, pero presentan diferentes condiciones de salud intestinal? Teng y colaboradores (2020) evaluaron esta situación al alimentar pollos con una misma dieta y comparar un grupo sin desafío con otros expuestos a distintos niveles de coccidias que generan alteraciones en la salud intestinal. Entre los días 13 y 19 de edad, las aves que mantenían su salud intestinal ganaron 370 gramos, mientras que las aves cuya salud intestinal se vio comprometida por coccidias solo ganaron 243 gramos. Además, la conversión alimenticia fue de 1.48 en las aves sin desafío por coccidias y de 1.83 en las aves desafiadas. Esto indica que  estas últimas requirieron más alimento por cada kilogramo de peso ganado, lo que refleja una menor eficiencia alimenticia.

Para el productor, esta menor eficiencia puede traducirse en un aumento al costo de alimentación por kilogramo producido, lo que refuerza la importancia de considerar la salud intestinal al evaluar el desempeño del lote.

¿Cómo podemos cuidar la integridad intestinal de los pollos? El primer paso es reducir los factores que pueden dañarla. En la granja, esto implica mantener una ventilación adecuada, controlar la humedad de la cama, asegurar la calidad del agua y del alimento, y aplicar medidas de bioseguridad y control ante enfermedades intestinales. Estas acciones ayudan a favorecer condiciones óptimas para el buen funcionamiento del intestino.

Como complemento de estas medidas, la alimentación también aporta herramientas que favorezcan la salud del tejido intestinal y su función protectora. Entre ellas se encuentra el butirato de sodio, el cual ha sido estudiado por sus efectos positivos en el desarrollo del epitelio y mantenimiento de la barrera intestinal. (Gilani et al., 2021).

Su uso en la alimentación animal se ha investigado durante varias décadas; en 1990 ya se publicaban ensayos de alimentación en cerdos (Gálfi y Bokori, 1990) y pollos de engorde, donde, en trabajos como el de Hu y Guo (2007) evaluaron su incorporación en la dieta y sus efectos sobre la estructura intestinal y la absorción de nutrientes.
Para comprender cómo actúa el butirato de sodio, es importante conocer en qué zonas del aparato digestivo se libera y se absorbe. En su forma libre, sin un recubrimiento que retrase su liberación, se disuelve y puede actuar desde los primeros segmentos, como el buche, el proventrículo y la molleja. En estas zonas ocurre parte de su absorción y contribuye al control de bacterias patógenas (Moquet et al., 2018).

Por su parte, el butirato protegido retrasa su liberación y favorece su llegada al intestino delgado, donde el butirato ejercer un efecto trófico sobre la mucosa, contribuir a regular la inflamación, fortalecer la barrera intestinal y limitar el crecimiento de bacterias patógenas (Fernández-Rubio et al., 2009; Moquet et al., 2018).

¿Qué resultados se han observado al incluir butirato de sodio protegido en la alimentación de los pollos? En Perú, Gallardo Yarleque (2023) evaluó diferentes niveles de inclusión de butirato de sodio protegido en pollos Cobb 500, mediante un ensayo realizado en Chiclayo: a los 42 días de edad, las aves que recibieron 3 kg de butirato de sodio protegido por tonelada de alimento registraron una conversión alimenticia de 1.70, frente a 2.14 en el grupo sin suplementación, una diferencia estadísticamente significativa (p<0.01), según lo reportado. Esto representa una reducción de 440 g de alimento por cada kilogramo de peso ganado, bajo las condiciones del ensayo. Además, las aves suplementadas alcanzaron un peso final de 2.47 kg, frente a 1.99 kg en el grupo no suplementado, lo que representa aproximadamente 480 g adicionales por pollo.

El ensayo anterior demuestra que la inclusión de butirato de sodio protegido puede favorecer tanto el crecimiento corporal como la eficiencia alimenticia en pollos de engorda. Pero ¿Qué cambios intestinales podrían ayudar a explicar esta respuesta productiva? Para comprenderlo, revisemos cómo el butirato de sodio puede influir en la estructura y el funcionamiento del intestino.

Una parte de esta respuesta puede explicarse por los cambios que ocurren en la estructura del intestino. En un estudio publicado en 2022, investigadores evaluaron el efecto de incorporar butirato de sodio en alimento de pollos Cobb 500. A los 21 días observaron que las vellosidades del yeyuno alcanzaron una altura promedio de 985
micrómetros, frente a 712 micrómetros en las aves sin suplementación, lo que representa un incremento aproximado del 38% (Liu et al., 2022). Considerando que una mayor longitud de las vellosidades intestinales amplía la superficie disponible para la absorción de nutrientes. Por ello, se debe la salud intestinal para favorecer el aprovechamiento del alimento y el desempeño productivo de las aves.

Además de favorecer el desarrollo de las vellosidades intestinales, el butirato de sodio también coadyuva en el mantenimiento de la barrera intestinal, formada por células unidas mediante proteínas especializadas, como Ocludina, que ayudan a regular el paso de sustancias entre las células intestinales y limitan la entrada de microorganismos y compuestos perjudiciales.

En este sentido, Liu et al. (2022) observaron que los pollos suplementados con butirato de sodio presentaron una mayor expresión del gen Ocludina, tanto a los 21 como a los 42 días de edad, en comparación con las aves sin suplementación (p<0.05).

Los resultados de estas investigaciones permiten comprender que la salud intestinal va más allá de la ausencia de enfermedades: también requiere conservar la integridad de la mucosa, de modo que el intestino pueda absorber nutrientes y cumplir su función como barrera de protección. Esta integridad depende tanto del adecuado desarrollo de las vellosidades como del mantenimiento de las uniones entre las células que recubren el intestino.

En conjunto, los resultados presentados destacan la importancia de mantener un intestino capaz de absorber nutrientes y actuar como barrera de protección. En este contexto, el butirato de sodio representa una herramienta nutricional que puede favorecer el desarrollo de las vellosidades y contribuir al mantenimiento de la integridad intestinal, apoyando el aprovechamiento del alimento y el desempeño productivo de las aves. Para favorecer estos efectos, es importante considerar su disponibilidad en el intestino; por ello, las presentaciones protegidas buscan retrasar su liberación y facilitar su llegada a lo largo de todo el tracto gastrointestinal donde se esperan estos beneficios.

Por lo tanto, el productor debe prestar atención no solamente a la cantidad y calidad del alimento, sino también a las condiciones que permiten aprovechar los nutrientes. Combinar un buen manejo de la granja con estrategias nutricionales dirigidas a la optimización del intestino, puede favorecer la eficiencia alimenticia, mejorar el desempeño productivo y contribuir a una mayor rentabilidad en la producción. Por eso invertir en salud intestinal es fortalecer el desempeño productivo de las aves y contribuir a la rentabilidad de la producción.

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