El reciente reconocimiento del Perú como país libre de influenza aviar por parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) ha sido recibido con optimismo por el sector agropecuario y exportador nacional. Este nuevo estatus sanitario abre las puertas para una mayor proyección de la producción avícola peruana hacia mercados internacionales. En ese sentido, la Dra. Eliana Icochea D’Arrigo, jefa del Laboratorio de Patología Aviar de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, conversó con Actualidad Avipecuaria y llamó a no bajar la guardia.
Considerada una de las investigadoras más calificadas en sanidad aviar en el país, la Dra. Icochea subrayó que “este logro es el resultado de un gran esfuerzo conjunto entre las autoridades, los productores y la comunidad científica, pero su sostenibilidad dependerá de un compromiso serio y continuo con la bioseguridad”.
La experta advirtió que la principal fuente de reintroducción del virus son las aves silvestres, especialmente las migratorias. “El virus lo traen las aves silvestres, y debemos controlar su acceso a las zonas de producción. Las aves de larga vida no deberían ubicarse cerca del mar, donde el riesgo de contacto con aves migratorias es mayor”, indicó.
Icochea también hizo énfasis en la necesidad de evitar la crianza de patos cerca de galpones de pollos o de aves reproductoras o ponedoras, ya que el pato suele ser huésped asintomático del virus. “El pato siempre es el primero en portar el virus sin mostrar síntomas. No debemos subestimar este riesgo”, sostuvo.
Respecto a las estrategias preventivas, la doctora destacó la importancia de una vacunación amplia y sostenida: “Para aves como ponedoras y pavos, debemos garantizar una cobertura del 100 %. Así lo han hecho países como EE.UU. o los del sudeste asiático, cuyas realidades geográficas son similares a la nuestra”.
Finalmente, insistió en que la gestión adecuada de los desechos animales y la vigilancia constante por parte de las autoridades sanitarias son pilares fundamentales para evitar nuevos brotes. “La bioseguridad no puede relajarse. Este estatus no es un punto de llegada, sino un compromiso permanente”, concluyó.


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